Primavera: Más de cien mil gritos por segundo

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Prefacio

Empiezo a escribir este relato corto 72 horas después de que:

“De acuerdo con la información de EarthSky, este 2.025 la primavera ha entrado de manera oficial en el hemisferio norte el 20 de marzo, que se corresponde con las 10:01 horas de la mañana en la España peninsular”.

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Es decir, hace cuatro días España gritó “ensamble”, y no sólo por el empate a 2 contra los Países Bajos; se nos alteró la sangre y la garganta. Llegó la Primavera.

Comimos en La Tabernita; Conchita no estaba operativa, Paul pidió un estupendo rabo de toro, y Ana y yo un delicioso arroz con conejo en su punto junto a una algarabía de jóvenes un poco más allá. Serian unos ocho, gritaban como veinticuatro.

Existe un diario escrito por  Munch en 1.892 donde nos detalla su inspiración para “El Grito”, (de Munch, claro ):

«Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.»

Creo que Munch escribía mejor que pintaba. Bueno, no sé…

Murmullos
Un Munch más silencioso. Si que pinta, sí

Hay un silencio universal en la humanidad que dura pocos segundos, se produce al final del parto. Recién salido del vientre de su madre, hasta que no da su primer berridito el silencio en el paritorio es brutal. A los pocos segundos de nacer berreamos. Con la algarabía consecuente en la sala de partos. El primer sonido que oye un recién nacido son los gritos de júbilo de la auxiliar de clínica que a pesar de asistir a muchos partos en su vida laboral, no se acostumbra, y grita -¡es un varón!- para que el chiquillo se entere de que ella está allí.

Cuando ya con menos frecuencia, una madre intenta advertirle del mal comportamiento a su hijo, el zagal se irrita bastante y protesta gritando. Como la madre es mas grande que él, por poco tiempo, le responde gritando más fuerte aún . Luego él crece y se desquita, gritando más fuerte que su mamá.

Así las cosas, cuando un capazo de chiquillos adolescentes al finalizar una clase y dirigirse al recreo, berrean, dando rienda suelta respectivamente a sus estrógenos y testosteronas, están convencidos que lo están haciendo muy bien. A la hora de ir al recreo el “gran berrío” es fundamental.

El griterío de la Revuelta de Broncano, ejemplo del comportamiento y leguaje del personal actualísimo, aparte de un salpimentado de ordinarieces, constituye el barómetro del comportamiento de lo cotidiano, como los gritos de los parlamentarios españoles en el Congreso. “Casi todo es cuestión de educación”.

Eso si, para brindar borrachos y gritando, los ingleses de aquí nos dan sopas con onda.

P/D A mi amigo Paul, British hasta la cepa, no lo he oido gritar jamás. Y mira que llevamos juntos más de un gin&tonic en el morral.

No si ya. Los parlamentarios ingleses no les andan a la zaga. -Ordeeer! Ordeeer!-…

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