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Viejuno, olor triste de las personas mayores.

La abuela de Esperanza olía muy bien. Es una cuestión de higiene. A sus 90 años, tras la ducha daba todas las mañanas un paseo por el jardín, escogía una pequeña flor y la prendía en su solapa. Más o menos pasado el medio día se le hacía la hora de tomar el gin&tonic cotidiano. Era su rutina en los días de sol.

Decía que su cuerpo se había convertido en una cárcel que la estaba inmovilizando. Tenía la cabeza muy bien amueblada y el cuerpo estúpidamente casi inmovilizado. Se quejaba de su situación suavemente, consciente de la cruda realidad.

Lola Herrera, ayer, en el programa de Xavier Fortes, entre bocado de Trump arancelario y trago de Revilla demandado por decir las verdades del barquero en público, nos encontramos con una de las mejores actrices del país.

El barquero en su intimidad

Qué hermosura de mujer. La actriz, que cumple este año 90 de vida y casi 70 de carrera, estrena la obra ‘El camino a La Meca’ junto a su hija, Natalia Dicenta, dirigidas por Claudio Tolcachir.“Tooos igualesss”, y una porra pá mi. Y va y dice: “Ver cómo la extrema derecha está sacando la cabeza de esta manera me tiene descompuesta”. Y añade.

-¿Por qué votan a Vox las mujeres?. ¿ Qué beneficio van a sacar de eso? ¡Votan contra ellas mismas! Votan contra sus propios derechos…-

Muy poco para los 90
46 años

Hoy voy de olores, improbable lector. Hay personas que huelen a derecha recalcitrante, otras de olor indefinido tirando a bien o a mal y otras a joven socialista, como mi admirada María González Veracruz, Secretaría de Estado para el control de la IA y de las Telecomunicaciones. No es de Caravaca como podría deducir el lector por su apellido De la Vera Cruz. Es murciana, y sus padres de Alquerías, Rafa e Inma, colegas sanitarios entre otras cosas. Se preocuparon por educar a Diana y a Maria, que ahora huelen muy bien y curiosamente, junto a Lola Herrera, la gran dama de nuestro teatro nacional, huelen a azahar.

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